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marzo 14, 2013

Cuidadito con ensuciarte... te voy a castigar


En unos de los diferentes emails que recibo, leí este artículo que me parece interesante el poderlo compartir con ustedes, porque muchos padres lo hemos vivido, tanto en la niñez como cuando desempeñamos el rol de padres.

Cuidadito con ensuciarte, juega pero no te ensucies, te voy a castigar…
 
Una de las frases favoritas de muchos padres: "Pablito, puedes correr, pero no te vayas a ensuciar… "
 
¿No es algo absurdo? ¿Para qué llevar a un niño al parque si no se puede ensuciar? ¿Tiene sentido que un niño deba abstenerse de jugar o curiosear porque la abuela lo va a ver "sucio" y va a decir que somos padres descuidados? ¿Acaso ella es descuidada porque permite que el abuelo fume? ¿Nos gustaría que nos llevaran a un restaurante pero no nos permitieran tocar la comida, que de paso huele tan bien? Peor aún, a veces se castiga, incluso con golpes o pellizcos a un niño por el simple hecho de llenarse el pantalón de tierra al agacharse a jugar con un insecto. 
 
Jugar es una condición natural de los niños, es su forma de aprender y expresarse en este mundo. Es absurdo que estemos detrás de ellos para que sean nuestro objeto de exhibición al igual que un jarrón chino. ¿Hasta cuándo necesitaremos desesperadamente la aprobación de los demás? ¿O es que esperar se nos catalogue de buenos padres, por la conducta intachable y la pulcritud de nuestros niños, no es una búsqueda desesperada de aprobación?
 
A los niños hay que dejarlos ser niños; ellos no deben estarse quietos, hacer silencio, dejar de gritar o de correr para hacernos quedar bien con los demás y encajar con los “parámetros normales” de la sociedad.
 
Me parece que una de las razones por las que de adultos buscamos tantos escapes como las drogas, el alcohol, la promiscuidad, la mediocridad y pare usted de contar, es que desde niños se nos exigió mucha etiqueta, no se nos permitía llorar sin ser objeto de reproches o, peor aún, de burlas; no se nos permitió lanzar un objeto al suelo para desahogarnos sin recibir a cambio una cachetada o la simple etiqueta de “malcriado”; no se nos permitía opinar porque “cuando los grandes hablan, los niños callan”, y a veces esto nos costó recibir una buena cachetada disciplinaria.
 
Ni hablar de las escuelas, donde hablar, correr, gritar y demás conductas normales de la infancia son restringidas y amonestadas. Los colegios deberían enseñar mediante el juego y el contacto directo con la naturaleza, en vez de exigirnos estar encerrados y sentados durante horas, en silencio, mientras escuchamos a un adulto hablar de cosas que no le interesan a un niño.
 
A un niño le interesa ser escuchado, correr mientras sueña que es astronauta, perseguir una mariposa, reír sin parar, cantar, sentir la tierra, acostarse en el suelo a ver las nubes... Todo esto forma parte de su mundo y es muy diferente al mundo de números, datos históricos y reglas en el que queremos que estén.

por Alberto Acha Montero
Comité de Relaciones Públicas
Club de Leones Mangomarca - Distrito H-4

septiembre 16, 2012

Desde la cuna: Es fundamental establecer una buena conexión


Jane E. Brody 
The New York Times

Hace poco me detuve a felicitar a una joven madre que llevaba a su hijo en cochecito. La mujer había estado hablando a su hija que apenas hablaba, a lo largo de toda la cuadra y le señalaba las cosas que veían, le hacía preguntas, como "¿qué color son esas flores?", y le contaba lo que iban a hacer cuando llegaran al parque.

No es habitual que esto suceda en mi barrio, le dije. Muy a menudo, las madres y niñeras que veo están con sus celulares, las BlackBerry y los iPod, y no con los niños. No existían tales distracciones cuando mi esposo y yo pasábamos el tiempo con nuestros bebes, niños pequeños y pre-escolares. Al igual que esa joven madre, les hablábamos. Les leíamos y cantábamos con ellos. Y mucho antes de que hablaran, imitábamos sus sonidos y les hacíamos saber que los escuchábamos y les respondíamos.

No soy la única alarmada por la moderna conducta de los padres. Randi Jacoby, especialista en habla y lenguaje de Nueva York, recientemente me dijo en un mensaje por correo electrónico: "Los padres han dejado de comunicarse con los niños pequeños, lo que hace que se pierda también el contacto visual, la expresión facial y, sobre todo, el feedback [retroalimentación], que es esencial para el desarrollo temprano de la comunicación. Los niños pequeños requieren tiempo y un feedback individual mientras luchan por formular palabras para elaborar su lenguaje y sus habilidades cognitivas. Las destrezas básicas no se están enseñando con el ejemplo, y la sociedad cae presa de la respuesta rápida a la que la generación de la computadora se ha acostumbrado. Sería necesario recordar a los padres la importancia de su modelo comunicativo".

Por supuesto, no todos los padres están habitualmente desconectados de sus niños pequeños. Dos de mis amigas que tienen alrededor de 30 años y que tienen niños pequeños, les hablan y conversan con ellos continuamente.

El consejo de Jacoby a los padres: "Recompense los intentos de comunicación de su pequeño prestando mayor atención a lo que diga. Esté listo para dejar su celular y mire al niño directamente a los ojos cuando comparte sus pensamientos con usted".

La comunicación comienza en cuanto el niño nace. La manera en que se toca, sostiene y mira al bebe y cómo se le habla lo ayuda a aprender su lenguaje, y las diferentes maneras en que llora ayuda a los padres a aprender su lenguaje: "estoy mojado", "tengo hambre", estoy cansado", "me duele", "estoy abrumado", y así sucesivamente.

"Hable con su bebe siempre que tenga la oportunidad", aconseja a los padres la Asociación Médica Norteamericana. "Aunque no entienda lo que se le dice, su voz calma y tranquilizadora es lo que necesita para sentirse seguro. Siempre responda al llanto de su recién nacido, no se lo malcría por prestarle demasiada atención."

La Asociación Norteamericana del Habla, Lenguaje y Oído alienta a los padres para que redoblen sus esfuerzos de comunicación mirando al bebe e imitando sus vocalizaciones, risa y expresiones faciales. "Háblele cuando hace esto", sugiere la asociación. "Cuéntele adónde van a ir, lo que van a hacer cuando lleguen ahí, y a quién y qué van a ver." Uno podría decir cosas, como: "Ahora te vamos a poner las medias", "vamos a ir en el auto a ver a la abuela" o "cuando lleguemos a la plaza, te voy a hamacar".

Y nunca es demasiado temprano para presentarles los libros. Recuerdo a mi sobrina, que, a los 3 meses, se embelesaba cuando su madre le "leía" un libro de dibujos y le señalaba objetos, le comentaba sobre los colores y lo que hacían los diferentes personajes.

Es lo mismo con los niños pequeños. Consejo de los expertos en habla: "Háblele mientras hace algo y va a algún lugar". Cuando lo lleva en cochecito, por ejemplo, señálele los objetos familiares y diga sus nombres. Use un lenguaje simple, pero con estructura gramatical. Amplíe con otras palabras. Por ejemplo, si el niño dice "auto" respóndale: "Sí, ese es un auto grande y rojo". No hablan, pero comprenden.

Recuerde que los niños que aún no hablan comprenden mucho más de lo que dicen. Uno de mis nietos tardó en comenzar a hablar. Cuando quería algo para tomar o comer, iba a la heladera o a la alacena y señalaba lo que quería. Nuestra tarea era preguntarle: "¿Querés agua o jugo?, ¿cereal o pasas de uva? Y esperábamos la respuesta. Cuando comprendíamos, reforzábamos el mensaje verbal y decíamos: "¡Ah!, Lo que quieres es cereal".

  • Evite palabras de bebe y la forma de hablar de ellos porque el niño que está aprendiendo a hablar se puede confundir. Enseñe a sus hijos las palabras y nombres correctos para las personas, cosas y partes del cuerpo, incluso "pecho", "pene" y "vagina". Si su niño utiliza una palabra infantil ("pa-pa", por ejemplo) se puede repetir, pero use también la correcta y diga "comida".
  • Hagan juegos con las palabras, como "Itsy-Bitsy araña", y aliente a su hijo a realizar los gestos que acompañan y quizá también a decir algunas de las palabras.
  • Cuente los escalones cuando sube una escalera. "Las habilidades matemáticas de mis nietos mellizos florecieron mucho antes de que pudieran hablar en oraciones porque viven en un tercer piso". A cualquier edad que su hijo comience a hablar, hágale saber que está interesada en lo que está diciendo, al repetir y ampliar lo que dice y al pedirle que repita lo que dijo si no lo entendió.
  • Haga preguntas que requieran de una elección, como ¿quieres leche o jugo? o ¿quieres caminar o ir en cochecito? Ayude a ampliar el vocabulario de su hijo al hablarle de lo que se puede hacer con varios objetos y explicándole por qué un determinado alimento ayuda a tener un cuerpo sano.
  • Cante canciones, recite rimas infantiles y aliente a su hijo a completarlas con algunas palabras. Cuando lean un libro juntos, lo que debería ser una actividad cotidiana, pídale que nombre o describa los objetos o que hable sobre lo que hacen los personajes.
  • Evite la frustración verbal. Cuando sus hijos traten de hablarle, présteles toda la atención posible. Y antes de hablarles a ellos, asegúrese de que estén atentos.